Tres cosas que das por supuestas antes de empezar.
No es una cuenta en dinero: es lo que crees que vas a tener que poner de tu parte. Tiene tres líneas, aparecen casi siempre y casi siempre en este orden.
«Montar esto me va a comer semanas.»
Alguien del despacho tendrá que sentarse a configurar pantallas, volcar expedientes y aprender un programa nuevo, mientras los plazos siguen corriendo igual que ayer.
«Mi cliente va a ver cosas que no son para él.»
En un expediente no solo hay hitos. Hay notas, valoraciones y frases escritas para uso interno. Abrirle una ventana al cliente parece abrirla a todo lo que hay dentro.
«Y encima habrá algo contestando por mí.»
Un mensaje que sale del despacho lleva el nombre del despacho. Que lo escriba algo que no eres tú es, con razón, la línea que más cuesta aceptar de las tres.
Total, antes de leer nada más: demasiado para empezar ahora. Y es un total bien calculado, porque está hecho con lo que te ha pasado otras veces.
Ninguna de las tres líneas sale de la desconfianza.
Salen de haber visto una implantación alargarse un trimestre, una carpeta compartida enseñar más de lo que debía y un chatbot contestar con mucha seguridad algo que no sabía. Si no te hubiera pasado nada parecido, no pondrías el reparo. Así que vamos línea por línea, y en el mismo orden.
No hay pantallas que aprender ni configuración que hacer. Hay un trabajo técnico, que es nuestro, y hay un trabajo que no podemos hacer sin ti: contarnos cómo trabajas y corregirnos cuando nos equivoquemos. Ese es el reparto completo.
Es todo lo que te pedimos de la agenda mientras se monta. No es una cortesía: es la única parte del trabajo que no podemos hacer sin ti, y por eso es tan corta.
Pulsa «Publicar» en las líneas que dejarías ver y mira cómo le queda la pantalla a tu cliente. Las dos líneas internas no traen botón, y no es una limitación de este ejemplo: no están conectadas al portal.
Publicar es un acto. Tiene un día y una hora, y las pones tú.
Nada se publica al guardar el expediente ni por iniciativa del sistema. Y la nota interna no se queda fuera porque un filtro haya decidido que es delicada: se queda fuera porque se escribe en otro sitio. Son dos cajas distintas dentro del mismo expediente y solo una está conectada al portal. El día que quieras que algo se vea, lo escribes en la otra caja. Mientras no lo hagas, no existe para tu cliente.
Lo que contesta no sale de ningún sitio nuevo: sale de lo que tú has publicado en el portal. Si la respuesta no está ya escrita en el expediente, no hay respuesta que dar: hay una consulta que llega a tu mesa.
Todo esto son datos que tú has publicado. El agente los lee y los repite con otras palabras: no los redacta, no los interpreta y no los completa cuando faltan.
No le dice al cliente que no puede ayudarle. Le dice que eso lo contesta su abogado, y te lo deja a ti con el expediente ya abierto.
El sistema se ocupa de la información. El criterio sigue siendo del abogado.